Canción de Palacio #7

He tardado, pero ya me he dado cuenta. Ya he visto por qué las redes sociales están (y estarán) llenas de banderas francesas durante toda la semana: es porque nosotros también vamos a discotecas, o salimos al centro a tomar un café.
No es tanto el genocidio, un poco más la noción de que unos pobres chiquillos sean capaces de inmolarse por una mayoría de desconocidos de a pie… Pero, sobre todo, es porque nos hace percibir que, aún en la calidez y estabilidad de nuestro apartamento, los conflictos armados, la inseguridad tan desacostumbrada últimamente en esta parte del mundo, siguen siendo una posibilidad que se antoja arbitraria.
Y esa preocupación egoísta se traduce en el acostumbrado altruismo de “Likes” y “Retweets” que a algún segmento poblacional debe costar relacionar, ayudando así a ir a la cama a unos cuantos con la sensación de que por hoy ya han hecho algo por el Mundo, compartiendo su pedacito de información sobre política exterior y otros temas en los que parecemos tan versados como para gritar en público y con decisión en estas crisis puntuales de la Europa occidental.

Canción de Palacio #7